El lado menos conocido del mundo vegetal ha fascinado desde
siempre a científicos de todos los países. Hoy recordamos una noticia publicada
en Las Ocurrencias allá por 1913 que
describe los recientes (entonces)estudios
realizados sobre la visión de las plantas.
Las Ocurrencias
fue una publicación quincenal editada en Madrid entre 1911 y 1913. Salpicaban
sus páginas noticias curiosas, sucesos y la actualidad política y social del momento.
Entre las curiosidades publicadas he encontrado esta nota del número 125,
correspondiente al 6 de septiembre de 1913, que me ha parecido interesante
compartir.
En su página 7 podemos leer: “Un
profesor de botánica del Instituto de Gratz ha comprobado que las células epidérmicas
de algunas plantas forman espejos convexos, análogos a las facetas del ojo de
un insecto.
Estas facetas son muy
numerosas en los insectos; se cuentan 4.000 en la mosca y 17.000 en algunas
mariposas.
Por medio de un
aparato especial, el sabio ha llegado á fotografiar las células epidérmicas de
algunas plantas, habiendo obtenido en los clichés imágenes microscópicas de
objetos situados á diferentes distancias. El experimento especialmente se ha
realizado sobre las hojas de arce, sicomoro y acanto del Perú.
Deduce, en
consecuencia, el profesor que muchas plantas están dotadas de vista, pero su visión, a pesar de todo, no es
consciente.”
Coincidencia con estudios más recientes
La nota no deja de ser una curiosidad publicada hace más de
cien años. Lo curioso es que está en consonancia con algunas publicaciones
mucho más recientes. Así, en 2017, Marta Zaraska -en el número de enero de la
revista
Investigación y Ciencia- publica un artículo titulado “
Vegetales con visión” que revisa una
idea que ya vemos que
no es nueva en
absoluto. Las primeras investigaciones en este sentido datan de principios
del siglo XX cuando Francis Darwin sugirió que las hojas de las plantas poseen
un órgano al que llamó ocelo, una curiosa combinación de células lenticulares y
fotosensibles.
Puedes leer este interesante artículo en el siguiente enlace y
pensar que, lo que nos parece muy nuevo o muy avanzado en investigación, suele
tener un antecedente vanguardista y sorprendente, como es el caso del estudio del botánico
austriaco de 1913.