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domingo, 1 de febrero de 2026

Terror en blanco: Arboles devorahombres, con Javier Resines

El pasado jueves fui invitado por el amigo Juan Gómez a participar en Terror en Blanco, el podcast que dirige en RNE.

En esta ocasión hablamos de criptobotánica. Concretamente, de una de sus manifestaciones menos conocidas y más peligrosas: la de la posible existencia de árboles asesinos, capaces de devorar hombres.

Desde la época de las grandes exploraciones de finales del siglo XVIII hasta nuestros días, se amontonan los relatos sobre ataques y muertes protagonizados por estos diabólicos vegetales. ¿Realidad o exageración?

Puede sonar a broma pero los testimonios de científicos, militares, exploradores y misioneros nos hablan de la existencia real de estas criaturas en los rincones más inexplorados de nuestro planeta.

Puedes escuchar mi intervención y el programa completo a continuación:


sábado, 15 de junio de 2024

Más Actos Macabros en la Historia, ya a la venta

Ya está a la venta Más Actos Macabros en la Historia, el libro solidario nacido de la idea del amigo Joni Benito. Tengo la fortuna de haber sido invitado a participar en este maravilloso proyecto escribiendo un capítulo que parece ficción pero que, por desgracia, no lo es.


No hace mucho tiempo, una sociedad indígena basaba su sistema de castigo en la existencia de un gran árbol venenoso en la región, un auténtico devorador de hombres. Con la connivencia del poder colonial, el sultán condenaba a una muerte casi segura a los delincuentes. Solo había una manera de sobrevivir: enfrentarse a la diabólica criatura y arrebatarle un pedazo de su ser...

No te pierdas este y otros sorprendentes casos narrados por los investigadores y divulgadores más interesantes del panorama actual. Y recuerda que los ingresos por la venta de este libro irán destinados íntegramente a una causa solidaria, la asociación El Gato de 5 patas, dedicada a la inclusión de personas con discapacidad en entornos naturales.

Puedes comprar tu ejemplar en la web de la editorial  Guante Blanco, colaboradora principal del proyecto. 

Muchas gracias.

martes, 22 de agosto de 2023

Criptobotánica en Nueva Dimensión

Hace pocos días tuve el placer de ser invitado por el amigo Juan Gómez a participar en su programa, Nueva Dimensión, para hablar de Criptobotánica. Ya sabéis, el extraño y desconocido mundo que esconde el reino vegetal tras de sí.

Charlamos de árboles devoradores de hombres, de experimentos científicos realizados con plantas para comprobar si ven, si tienen sentimientos o si se comunican entre si… Tampoco olvidamos los casos de árboles andantes, árboles sagrados y, por supuesto, el cine de serie B protagonizado por plantas asesinas.

Como veis, un programa divertido que no os podéis perder. Puedes escucharlo en este enlace de Ivoox. Espero que os resulte de interés,…


domingo, 1 de mayo de 2022

Arboles andantes, árboles asesinos…en “Misterios al anochecer” con Javier Resines

El pasado domingo fui invitado por el amigo Fernando Chapi para hablar de la parte menos ortodoxa del mundo vegetal.

Arboles devoradores de hombres, árboles andantes, brujería, superstición  y mucho más en este programa realizado desde Lima, Perú. Puedes vernos en este enlace del canal de Youtube



También comentamos la aparición de Círculo de Buscadores, mi ensayo novelado sobre Criptozoología que ya puedes comprar en este enlace .

viernes, 11 de septiembre de 2020

Javier Resines en el Anuario alemán de Criptozoología

 Acaba de ver la luz el primer volumen del Anuario alemán de Criptozoología (Jahrbuch für Kryptozoologie) en el que tengo el honor de publicar un estudio sobre criptobotánica  titulado “Árboles devoradores de hombres. Expediciones a lo desconocido en los siglos XIX y XX” (Menschenfressende Bäume. Expeditionen ins Unbekannte im 19. und 20. Jahrhundert).


Curiosamente escribo sobre árboles asesinos en una obra  dedicada a los animales desconocidos... gracias al deseo y empeño de Hans-Jörg Vogel, editor y alma de este proyecto, al que doy infinitas gracias por esta magnífica oportunidad.

En mi estudio sobre estos relatos de viajes aparecen descritas  -entre otras- varias expediciones capitaneadas por científicos y militares alemanes de aquella época lo que, sin duda, captó su interés para ser incluido en este número inicial del Anuario.

El contenido de Jahrbuch für Kryptozoologie, en el que participamos autores de España, Francia, Italia y Alemania,  no tiene desperdicio:

-          Serpientes gigantes en España, de Peter Ehret y Ulrich Magin.

-          Un híbrido bizarro de narval y beluga. La reconstrucción de la ballena más extraña del mundo, de Markus Bühler.

-          El "miedo campesino" en Estiria. ¿Un caso temprano de alien big cat en Europa Central?, de André Kramer.

-          Árboles devoradores de hombres. Expediciones a lo desconocido en los siglos XIX y XX, de Javier Resines.

-          Inspiración para la investigación marina. Mi camino a la criptozoología, de Hartmut Schmied.

-           Monstruos lacustres de Centro y norte de Sudamérica, de Ulrich Magin

-           Gigantes adictos al tabaco. El percance del leñador Albert Ostmann: ¿ experiencia o cuento?, de Michel Meurger

-          ¿Siguen vivos los "bandidos salvajes"? El salvaje chino en el libro "Caravanas chinas " de Robert Easton y Fred Meyer Schroder, de Joerg Hensiek

-          El lince Lynx lynx (L., 1758) en Trentino-Sur Tirol, Italia. Avistamientos de 1954 a 2008, de Sergio Abram

-          Ralf , un chupacabras con piel de oveja, de André Kramer.

-          Lobos en el cine, de Frank Brandstätter

-          Sobre un dibujo del stollenwurm que no se puede encontrar en el Almanaque Suizo Alpenrosen (1841), de Michel Raynal:

-          El perro mapache Nyctereutes procyonoides (Gray, 1834) en Trentino-Tirol del Sur e Italia. Avistamientos 1985 a 2019, de Sergio Adam.

-          "La vara de Moisés", exposición de un milagro, de Frank Brandstätter.

-          Una serpiente gigante de  bronce en Viena, de Natale Guido Cincinnati.

-          Cuando los zorros roban zapatos, de André Kramer.

-          Existen, de Michael F. Carrico.

-          Fotografía de un animal parecido a un perro en Hannover, de Natale Guido Cincinnati.

-          En busca del monstruo del lago Prespa albanés, de Hans-Jörg Vogel.

 

Sin duda, esta nueva publicación es una gran noticia para todos los aficionados a la Criptozoología y la Criptobotánica. El Anuario, de 240 páginas, puede adquirirse por 12.90 € (más 3.50 € del envío) en  este enlace .



martes, 14 de mayo de 2019

El temible Umdhlebi. Nuevo artículo de Javier Resines en Phenomena Magazine.


El número de mayo de la revista Phenomena Magazine incluye un artículo firmado por mí bajo el título “Arboles devoradores de hombres: el umdhlebi”.

A partir de la página 13 podrás leer el relato acerca de este temible y sanguinario árbol africano, causante de la muerte de todo aquel que pretende acercarse a él.

Puedes descargar la revista gratuitamente en este enlace .



martes, 29 de enero de 2019

El árbol que asesina pájaros


El reino vegetal no deja de sorprendernos. La historia que hoy narramos en Criptobotánica, enviada por el amigo Josep María Fabregat, nos hace reflexionar sobre lo poco que conocemos la Naturaleza que nos rodea. Y sobre lo cruel que ésta puede ser en ocasiones.


El árbol Pisonia grandis no acepta pájaros entre sus amigos. Este género -que habita en aguas tropicales de los océanos Índico y Pacífico- aprisiona y mata a aquellas aves que se posan en sus ramas. El ecólogo Alan Burger, de la Universidad de Victoria (Canadá,) ha viajado a la Isla Cousin, en la Republica de Seychelles, para investigar mejor este fenómeno.

Pisonia grandis produce, como otras especies, largas semillas cubiertas con una sustancia resinosa muy espesa y pequeños anzuelos, que se adhieren con mucha facilidad a cualquier insecto y, en especial, a las plumas de las aves que se posan sobre él. El peso de estas semillas hace que el pájaro no pueda volar y muera a los pies del árbol.

La imagen que se nos ofrece podría dar lugar a creer en un árbol con extraños poderes o a provocar
insólitas supersticiones alrededor de estos seres, pero la explicación parece ser mucho más prosaica…

Por otra parte, no parece haber una razón evolutiva para este comportamiento. La planta se sirve de las aves para dispersar sus semillas, eso es un hecho constatado, pero –por desgracia- algunas mueren en el intento debido a la alta pegajosidad de la sustancia que Pisonia emite.

Para saber más:



sábado, 5 de enero de 2019

“El árbol eléctrico de Nueva Guinea”, de Javier Resines en Phenomena Magazine


Ya está en la calle el número de enero de la revista Phenomena Magazine. En el ejemplar de este mes, entre otros interesantes artículos, podrás leer uno firmado por mi bajo el título “Arboles devoradores de hombres: el árbol eléctrico de Nueva Guinea”.

En este artículo recupero un sorprendente caso sucedido en 1885 en el que una expedición alemana a la isla tiene que enfrentarse al suceso más extraño que afrontaron en su vida.

Puedes descargar gratuitamente la revista en este enlace.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

“Arboles devoradores de hombres” en Phenómena magazine, por Javier Resines


El número de noviembre de la revista Phenomena magazine incluye un artículo firmado por mí con el título “Arboles devoradores de hombres: el Ya- Te Veo”.  En el mismo, recupero una curiosa historia acerca de árboles con extraños comportamientos agresivos, hasta el punto de acabar con la vida de seres humanos.

De la mano de una obra escrita por J.W. Buel en 1887, nos adentramos en una de los capítulos más inquietantes y sangrientos de la criptobotánica, el estudio del comportamiento más impensable de nuestra Naturaleza.

Puedes leer el artículo a partir de la página 12 y descargar la revista gratuitamente en este enlace.

Para saber más:
      Descarga todos los números de Phenomena magazine

miércoles, 18 de julio de 2018

Encuentro con un árbol andante en Oregon


 
Representación de un Ent
 El caso que hoy contamos sucedió a principios de los   años noventa del siglo  pasado, en una zona boscosa de   Oregon, Estados Unidos. Una noche, durante una   acampada, uno de los excursionistas -de nombre   Michael- vio lo que describe como un hombre-árbol   andante. Este es el relato que acaba de hacer público su   protagonista:

 "A principios de los años 90, fui con un grupo a Silver   Falls Springs (1) en Oregon. Una noche, después de la   cena, fui a dar un paseo para encontrar un lugar   despejado donde poder ver las estrellas. 

Después de unos 20 minutos de estar sentado en silencio y contemplar el cielo y las estrellas, una brisa sopló e hizo crujir todos los árboles y ramas alrededor del claro. Mientras el viento sacudía suavemente los árboles, vi de reojo algo que llamó mi atención. Miré a mi derecha y allí estaba. Por solo un segundo o dos, vi lo que podría describirse como un árbol que caminaba.

En esa época, comenzaba a apreciar los libros, pero no había leído nada aparte de cómics o revistas. Hoy, describiría lo que vi como parecido a un “Ent”(2), el personaje de El Señor de los Anillos, aunque con ciertas diferencias.

Una vista de Silver Falls

Lo que vi tenía la cabeza más redonda y un cuello bien definido unido a los hombros. Sus extremidades eran largas y delgadas. Probablemente podría tocar el suelo si simplemente relajara sus brazos hacia abajo. No parecía haber una distinción o separación entre el torso y la zona de la cadera. Las piernas parecían un par de troncos articulados sin pies distinguibles. Tenía parches de musgo que cubrían aleatoriamente su torso y piernas y medía unos seis metros de altura. Además, estaba sosteniendo lo que podría describirse como un largo palo de béisbol en su mano derecha que sobresalía sobre su hombro.

Cuando volví la cabeza para ver lo que me llamó la atención mientras soplaba el viento, le vi dar tres largos y deliberados pasos en un lugar donde el claro se unía a los árboles. Me recorrió un escalofrío por la espina dorsal y me quedé congelado por lo que pareció una eternidad cuando, durante un instante,  parecía que volvía la cabeza y miraba hacia mí, hacia dónde estaba sentado, cuando daba su tercer paso y volvía a entrar en el bosque.

Otra recreación de un Ent

Me quedé allí por otros diez minutos sintiéndome congelado, revisando lo que acababa de ver. Una vez que desapareció esa sensación de congelación, me puse de pie y volví a la cabaña en la que nos quedábamos el grupo tan rápido como pude. Solo le conté a una persona lo que vi, aunque no pareció darle mucha credibilidad.”

Hasta aquí el relato del asustado Michael, una historia que enlaza tanto con los clásicos encuentros con árboles devoradores de hombres (de los que hemos contado alguno en el blog) como con la existencia real de especies que son capaces de desplazarse aunque, evidentemente, de modo mucho más lento.


Notas:

(1)    Silver Falls es un parque natural situado en el estado de Oregon, con una extensión de 32 kilómetros cuadrados y más de 40 kilómetros de senderos para caminar, famoso por sus decenas de cascadas.
(2)    Los Ents son una raza de  seres inteligentes parecidos a árboles pertenecientes a la novela El Señor de los Anillos, escrita por J.R.R. Tolkien. La mayor diferencia respecto a los árboles normales es que éstos pueden desplazarse. Su principal función era que cuidaran de otros árboles en peligro. En un principio, habitaban en todos los bosques del mundo.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Árboles devoradores de hombres (V): El árbol eléctrico de Nueva Guinea

En el capítulo de hoy, nuestra serie dedicada a los árboles devoradores de hombres nos traslada imaginariamente al otro confín del mundo. Las intrincadas selvas de Nueva Guinea nos esperan para mostrarnos la historia de una espeluznante criatura capaz de matar por medio de descargas eléctricas. Su nombre, Elessia eléctrica. El momento, finales del siglo XIX, una época llena de fabulosas aventuras relacionadas con lo más oculto del mundo vegetal…

Lugar aproximado donde se encontró Elessia electrica

El 6 de octubre de 1885, una expedición alemana comandada por el teniente Von Immer Gassende y un científico de apellido Kümmel, desembarca en una bahía al este del cabo Della Torre de la entonces Nueva Guinea Alemana, con el vapor-correo francés Salazie, procedente de Sidney.

Tras un agotador viaje de doce días hacia el interior de la isla, durante los que tuvieron que soportar enjambres de temibles mosquitos, zonas pantanosas, amenazadoras criaturas y la hostilidad de los nativos, la expedición descubre una meseta de vegetación menos densa e insalubre, situada a unos 1500 metros de altitud.

Nada más llegar, el grupo se vio sorprendido por la presencia de numerosos esqueletos de animales esparcidos en los claros del bosque. El silencio era casi total y la brújula que les ayudaba a guiarse comenzó a fallar como si estuviera “completamente borracha”, en palabras del teniente Von Immer.

¿Un cementerio de animales en mitad de una anomalía magnética?

El Dr. Kümmel, la persona encargada en la expedición de catalogar posibles nuevas especies de animales y plantas, encontró algo sorprendente en el lugar. En uno de estos claros sobresalía la figura de un árbol de gran tamaño perteneciente a una especie desconocida. La criatura estaba rodeada de extrañas raíces con pústulas que sobresalían del suelo, rodeando al árbol como si de un sistema de defensa se tratara.

El vapor-correo Salazie en el puerto de Marsella

Sabiendo que estaba ante una especie sin catalogar, Kümmel ordenó a uno de los seis soldados que les acompaña que cortara una de las pústulas con su machete. En su interior, la protuberancia presentaba un curioso núcleo negro y duro. El doctor, que nunca había visto nada igual, fue a recoger la muestra cuando -de repente- gritó de dolor, cayendo aturdido al suelo al recibir una potente descarga eléctrica. Otro de los miembros de la expedición,  tomó el trozo de árbol y sufrió la misma suerte.

A pesar de lo sucedido,  decidieron realizar un experimento. Como no tenían un galvanómetro a mano, tomaron un alambre de cobre doblado y lo colocaron en cada extremo del núcleo. Al hacerlo,  éste generó una violenta explosión de energía eléctrica, lo suficientemente fuerte como para quemar el alambre. El extraño árbol tenía corriente propia…

En su diario de viaje, Von Immer escribió lo siguiente sobre el curioso espécimen: "Cada rama del árbol presentaba núcleos similares, los cuales parecían hacer circular corriente por todo su organismo. No sé cómo ni cuanta energía podía almacenar, pero debo decir que era lo suficiente para derribar a un hombre adulto. Hicimos muchos más experimentos en el árbol, y lo habríamos cortado, pero parecía un trabajo peligroso para emprender. Vimos muchos más del mismo tipo más allá, un bosque entero, de hecho”.

Nueva Guinea Alemana
(1885-1918)
Un regreso precipitado…

A pesar de esta afirmación, se cree que se tomaron muestras de la criatura (de sus semillas, núcleos y ramas) y se llevaron de regreso a Alemania, donde se perdió su pista. Por desgracia, los expedicionarios tuvieron que volver apresuradamente a su barco a causa de la repentina enfermedad de Von Immel, aquejado de una cruel y peligrosa fiebre.


Ya en el barco de vuelta, el químico de a bordo analiza el núcleo de las protuberancias, concluyendo que se trata de un tipo de carbón muy puro con unas pequeñas trazas de ceniza.

Tiempo después, el Dr. Kümmel especuló con que el extraño árbol era el causante necesario de la presencia de los esqueletos de animales en la zona, a los que habría matado mediante sus descargas eléctricas. Bautizó a la nueva especie como Elassia eléctrica, por su inusual característica, pero jamás se encontró otro ejemplar para dar veracidad a su historia.


jueves, 16 de marzo de 2017

Escucha “Árboles devoradores de hombres”, con Javier Resines

Ya puedes escuchar y descargar  “Árboles devoradores de hombres”, mi intervención del pasado sábado en Misterio en Red, el programa de radio dirigido y presentado por Esteban Palomo.

En el mismo viajamos hacia una época aventurera, heroica, bohemia, a medio camino entre los siglos XIX y XX, donde la fascinación por lo desconocido nos lleva a descubrir terribles historias de plantas devoradoras de humanos como protagonistas.


Recorremos todos los rincones de nuestro planeta rescatando algunas de las más increíbles historias de monstruos vegetales, llenas de sangre, dolor y miedo. Puedes escucharlo siguiendo este enlace.


sábado, 11 de marzo de 2017

Esta noche, Javier Resines en "Misterio en Red": Árboles devoradores de hombres...



Esta noche he sido invitado a participar en una nueva edición de Misterio en Red, el programa dirigido y presentado por Esteban Palomo. Trataremos un asunto que se mueve a medio camino entre lo legendario, el folklore, las tradiciones indígenas y los relatos procedentes de la época colonial, un tiempo en el que la aventura y la capacidad de sorpresa iban cogidas de la mano.



Hoy hablamos de árboles devoradores de hombres, seguramente la parte más extrema y sorprendente de la criptobotánica, el estudio de las especies vegetales desconocidas. Recorreremos remotas montañas e intrincadas selvas para descubrir que los relatos referentes a estos extraordinarios y carnívoros seres son mucho más frecuentes de lo que pensamos.

Escúchanos, a partir de las 23.00, en MetroRadio y en Radio 4G Málaga . No te lo vayas a perder…


martes, 14 de febrero de 2017

Árboles devoradores de hombres (IV): El octópodo del Mato Grosso

Qué duda cabe que el Amazonas es una región abonada al misterio. Su enorme extensión junto a lo inexplorado de su territorio hace que –desde antiguo- nos lleguen informes relativos a tribus perdidas, civilizaciones desconocidas, monstruos prehistóricos y, por supuesto, árboles devoradores de hombres.

Este es el caso del conocido como octópodo o árbol diablo, citado por vez primera en 1932 a consecuencia de una expedición preparada exclusivamente para capturar un ejemplar vivo de esta especie. Al frente de la misma se encontraba el capitán británico Thomas W. H. Sarll, propietario de una  extensa finca cerca del rio Ash, en Middlesex, cuya intención era llevar a Inglaterra una de estas temibles criaturas.

Para ello, compró un en su Inglaterra natal un lugger, un pequeño barco pesquero, con el que explorar ciertos ríos tributarios del gran Amazonas y dar con el monstruo, al que describe con una forma parecida a un pulpo. El árbol tendría una serie de tentáculos semiescondidos  y apartados de la luz, permanentemente al acecho de animales y hombres.

Según su experiencia (parece que Sarll habría visitado la zona previamente) había escuchado relatos en los que indios y blancos fueron atrapados por este árbol, del que era imposible zafarse, y habían terminado muriendo de hambre o de miedo, momento en el que el monstruo aprovechaba para devorar a sus víctimas.

 En el verano de 1932, Sarll y su grupo se adentró en el Amazonas… para no saber nunca más de ellos. Tal vez encontraron el ansiado árbol y sucumbieron a él o fueron víctimas de cualquiera de los numerosos peligros más prosaicos que les podían acechar en esa inhóspita tierra. Lo cierto es que en el Herbarium de Kew, en Londres, se les esperaba con impaciencia, pero no regresaron…

Octopus tree situado en Oregon. Singular, pero nada peligroso.


Harold T. Wilkins
También tenemos una somera descripción de este árbol gracias a la labor del periodista británico especializado en misterios Harold T. Wilkins que lo describe tanto en su obra  "Mysteries of ancient South America” (1945) –en el que recoge datos sobre la Expedición Sarll - como en “Secret cities of old South America”, publicada en 1952.


La criatura tendría el  tamaño de un sauce y esconde sus ramas en las profundidades del suelo o entre la maleza de alrededor. Cuando algún desafortunado tropieza con él, la planta lanza sus ramas y atrapa a la víctima con sus zarcillos estranguladores.

Para conocer más sobre esta extraña criatura, puedes leer y descargar la primera de las obras de Wilkins en este enlace.


miércoles, 28 de diciembre de 2016

Arboles devoradores de hombres (III): Umdhlebe, segunda parte.


En esta nueva entrega de la serie dedicada a los árboles devoradores de hombres, continuamos hablando del misterioso umdhlebe. La primera referencia conocida a este temible árbol  la encontramos en The Religious System of the Amazulu, obra escrita por el misionero inglés Henry Callaway en 1870. La pista nos la ha proporcionado el compañero Alberto Fh, al que agradecemos desde aquí su interés y la decisiva aportación que nos ha facilitado.


Callaway narra varias anécdotas sucedidas entre los zulúes y que tienen al extraño árbol como protagonista. Así, en una conversación con varios indígenas, éstos le contaron que   “en la colonia donde vivía nuestra tribu, en la Montaña de la Mesa, hay dos médicos que discutieron entre sí acerca de su habilidad”, retándose a tocar a umdhlebe.  

Los hombres, llamados Usopetu y Upeteni fueron juntos a un lugar llamado Umlazi, cerca del mar, donde se encontraba un ejemplar del extraño árbol bajo el que había muchos huesos de animales que allí habían muerto. Cuentan que incluso los pájaros perecen si se posan en él.

Upeteni fue el primero en enfrentarse al mortífero árbol. Desató sus medicinas, seleccionó lo que creyó apropiado, lo masticó, se llenó de ello y se dirigió a umdhlebe con ánimo de arrancarle una parte. Lo apuñaló, pero el árbol se movió violentamente y no permitió que se volviera a acercar. Tomó otras medicinas y volvió a apuñalarlo, provocando un gran ruido en la criatura que –por todos los medios- le impedía acercarse más.

Lo intentó de nuevo, pero el rostro del médico comenzó a llenarse de sudor y el frío se adueñó de él, no pudiendo alejarse de umdhlebe, encontrándose cada vez más enfermo. Entonces, Usopetu masticó sus medicinas, las inhaló a Upeteni y le curó. Se volvió contra el árbol y consiguió arrancarle varias ramas, logrando ser reconocido como un gran médico.

Henry Calloway
Callaway recoge en su obra que existen varias clases de umdhlebe. Algunos son pequeños, otros grandes, siendo el mayor el que crece entre los Amanthlwenga. En la tradición de este pueblo, se dice que este árbol mata a la gente. Si es plantado en medio de una aldea, ese pueblo perece. Surge una gran fiebre y los hombres se agitan con grandes convulsiones,  padeciendo un gran dolor de  huesos. El tratamiento del médico consiste en hacer que el enfermo se abstenga de beber agua y de comer amasi, una leche fermentada muy popular en Sudáfrica.

Uno de estos indígenas cuenta una historia de primera mano: “Vi con mis propios ojos a aquellos hombres que fueron asesinados por umdhlebe entre los Amanthlwenga, que habían ido a cazar elefantes. Uno de ellos era mi hermano, Umdava. Vino hasta aquí conduciendo su carro durante un mes. Era alto, de piel muy negra y larga barba. Venían  con un holandés de nombre Umkosi.

Los cazadores salieron y se encontraron con una manada de elefantes, matando a muchos de ellos. Al fin, llegaron a un lugar donde crece el umdhlebe, un lugar donde la gente no puede tener ganado, sólo cabras. Una tarde, hambrientos, mataron un búfalo, lo desollaron y lo asaron, usando ramas de umdhlebe para ello. Al poco de empezar a comer, Umdava y otros más empezaron a quejarse de un gran dolor de huesos  y de terribles dolores de cabeza.

Los enfermos comenzaron a hincharse y a tener el abdomen muy caliente. A continuación, llegaron las diarreas. El holandés avisó a los doctores del pueblo. Cuando llegaron, algunos ya habían muerto. Para los demás, el tratamiento fue el habitual: no beber agua ni comer amasi.


Emprendieron el viaje de regreso a casa. Por el camino, pasaron por varias aldeas y algunos comieron amasi, muriendo poco después. Los que llegaron a su aldea lo hicieron en muy mal estado, con el abdomen hinchado, pero -gracias a la acción de Umjiya, el médico local- en pocos días fueron sanados.

Hasta aquí las historias relacionadas con umdhlebe recogidas en la obra de Callaway. A pesar de los datos recogidos en este y otros documentos, los investigadores no han logrado identificar al árbol. Algunos creen que podría tratarse de un tipo de álamo desconocido en esa parte de África con la especial de característica de su alta toxicidad.


miércoles, 14 de diciembre de 2016

Arboles devoradores de hombres (II): El Umdhlebi

Portada de Nature, noviembre de 1882
En noviembre de 1882, el misionero norteamericano G.W. Parker informó a la revista Nature sobre un árbol que fue llamado por los zulúes Umdhlebi. El sacerdote lo descubrió durante su actividad misionera  en lo que entonces era el Reino de Zululandia, en el este de la actual Sudáfrica.

Parker describió desde el principio al árbol como venenoso, como una planta de aspecto grotesco, con hojas grandes de color verde oscuro, terminadas en punta. El árbol tenía dos capas de corteza. Una capa externa muerta que colgaba del árbol y una capa nueva –viva- que crecía debajo de él. 


El fruto del árbol era de color rojo sangre y negro  y colgaba de las ramas como si fueran pequeños postes. Al parecer, Umdhlebi era capaz de envenenar a cualquier ser vivo que se acercara lo suficiente. Los primeros síntomas de las víctimas eran los ojos inyectados en sangre, fuertes dolores de cabeza y –finalmente- delirios seguidos de la muerte.

El misionero dijo que los zulúes sacrificaban ovejas y cabras al árbol con regularidad con el fin de
La nota de Parker publicada
en Nature
apaciguar a los malos espíritus que habitaban en su interior.

Según Parker, un día los indígenas se reunieron junto al árbol, a pesar del peligro que comportaba  acercarse al mismo,  porque estaban convencidos que en él mismo se encuentra el único antídoto contra los "poderes demoníacos" que tiene el árbol. Pero el desenlace fue fatal pues, todo el mundo que se acercó al Umdhlebi desde el lado contrario del viento, murió.


El misionero llegó a la conclusión de que árbol emitía algún tipo de polen o un gas venenoso mortal y que se alimenta de los líquidos procedentes de la descomposición de sus víctimas, que se filtraban a través del suelo.

Desde la descripción del árbol realizada por parte del misionero, no se han vuelto a tener noticias del mismo…y tampoco existe una representación gráfica del mismo mínimamente fiable.


miércoles, 13 de julio de 2016

Arboles devoradores de hombres (I): El Ya-te-veo

La Criptobotánica, entre otras posibilidades, se dedica a estudiar y recopilar casos de plantas y árboles con comportamientos agresivos, fuera de lo común, ajenos a lo que se supone que un vegetal podría hacer. Qué duda cabe que buscar relatos acerca de plantas devoradoras de hombres entra dentro de esa parte asombrosa e impensable en la conducta vegetal. Y sobre ello vamos a hablar en Criptobotánica, comenzando por una de esas historias que dejan helada la sangre de quien lo lee y, sobre todo, de sus víctimas. Una historia protagonizada por un extraño árbol de curioso nombre, Ya-te-veo…

Ya-te-veo, el devorador de hombres

Ya-te-veo es una planta carnívora que –supuestamente- se encuentra distribuida en distintos lugares del planeta. Hay relatos que la sitúan originariamente en América Central y del Sur, aunque también hay testimonios de una criatura similar en África y en las costas del Océano Índico.

 Las descripciones que nos han llegado de ella no siempre son coincidentes, aunque la mayoría de los informes sostiene que tiene un tronco corto y grueso y largos zarcillos que utiliza para capturar a sus presas. Algunos testigos la describen también como poseedora de un ojo, con el cual localiza a su víctima.

Otros testimonios lo representan como parecido a un árbol nativo ordinario, del que tomaría la forma,  aunque con el  tronco hueco, perforado por varios agujeros de los que sale un gran mechón de color rosa y con espinas en forma de gancho que se asemejan a los dientes, con los que puede reventar y agarra a sus presas.

 Una vez capturada la víctima, estos zarcillos arrastran su cuerpo por el agujero, hacia el interior del tronco hueco del árbol. Una vez dentro, grandes espinas se clavan en el cuerpo de la víctima, como si se tratara de un dispositivo medieval de tortura, hasta lograr inmovilizar la presa.

A partir de ese instante, el árbol segrega diversas enzimas que ayudan a disolver y digerir el cuerpo. Los huesos de las víctimas son expulsados tras la digestión y se amontonan a los pies del árbol, en los huecos dejados por las raíces.

Sea and Land

J.W. Buel, en su libro Sea and Land, publicado en 1887, escribe que la planta captura y consume
insectos y mamíferos de modo habitual, pero también intenta alimentarse de seres humanos.
El autor amplía la descripción física ya conocida de esta criatura, a la que llama “Minotauro vegetal”, equiparándolo al legendario  monstruo mitológico en su fiereza. Buel escribe que este ser “tiene un tronco corto y grueso, desde cuya parte superior salen espinas gigantes, estrechas y flexibles, pero de extraordinaria dureza, cuyos bordes están armados con púas o dientes como dagas.

En lugar de crecer en posición vertical o en un ángulo inclinado del tronco, estas espinas ponen sus extremos exteriores en el suelo, y con tanta gracia son distribuidos, que el tronco se asemeja a un agradable sofá con cortinas verdes alrededor de él. El viajero desafortunado- ignorante de la creación monstruosa que se encuentra en su camino y debido a la curiosidad de examinar la extraña planta o sólo para descansar- no sospecha de su muerte segura.

En el momento en que sus pies se encuentran dentro del círculo de las horribles espinas, éstas se levantan como serpientes gigantescas y se entrelazan sobre la víctima clavando rápidamente sus dagas en el cuerpo, completando la matanza. El cuerpo es aplastado hasta que cada gota de sangre es expulsada de él y es absorbida por la planta amante de la sangre derramada. Cuando el cadáver está seco, se desecha y la horrible trampa se establece de nuevo".

Una vívida descripción para una muerte no menos horrenda… Precisamente es en esta obra en la que se publica el dibujo que acompaña este artículo, en el que un nativo es devorado por esta planta en presencia de otros dos aterrados individuos.

Para los nativos, Ya-te-veo simboliza el Mal en su más amplio sentido y se cuenta que incluso es utilizado por los hechiceros como instrumento de poder, amenazando con su acción maligna a aquellos que se atrevan a desafiar la magia de los brujos locales. Un modo nada agradable de relacionarse con la Naturaleza, desde luego…

De la ficción a la realidad

Además de la magnífica descripción de Buel, también nos han llegado otras similares procedentes de los pueblos que habitan los tepuyes, esa clase de mesetas especialmente abruptas, con paredes verticales y cimas muy planas características del escudo montañoso guayanés, principalmente en la zona de la Gran Sabana venezolana.

Heliamphora chimantesis
En este recóndito paraje sudamericano, el Ya-te-veo es un singular arbusto bien conocido por los indígenas y extraordinariamente temido debido a su predilección por la carne humana. Como ocurre con la mayoría de los informes y descripciones de árboles carnívoros, el Ya-te-veo posiblemente sea una historia exagerada de una verdadera especie de planta carnívora, similar a las conocidas por la Ciencia.

En el caso concreto de los tepuyes, las especiales condiciones climáticas del lugar han propiciado la existencia de gran variedad de plantas carnívoras endémicas. Ello es debido a la imposibilidad de acumulación de humus debido a la constante acción del viento y también por la accidentada constitución del terreno, lo que ha dado lugar a la existencia de un suelo pobre en nutrientes, unas características propicias para la presencia de este tipo de plantas devoradoras.

Posiblemente, el tiempo y la imaginación han hecho el resto y el Ya-te-veo sea sólo la distorsión de relatos legendarios narrados sobre plantas carnívoras de existencia real. O, tal vez, nuestro planeta nos depara más sorpresas de las que nuestra razón está dispuesta a soportar…