miércoles, 28 de diciembre de 2016

Arboles devoradores de hombres (III): Umdhlebe, segunda parte.


En esta nueva entrega de la serie dedicada a los árboles devoradores de hombres, continuamos hablando del misterioso umdhlebe. La primera referencia conocida a este temible árbol  la encontramos en The Religious System of the Amazulu, obra escrita por el misionero inglés Henry Callaway en 1870. La pista nos la ha proporcionado el compañero Alberto Fh, al que agradecemos desde aquí su interés y la decisiva aportación que nos ha facilitado.


Callaway narra varias anécdotas sucedidas entre los zulúes y que tienen al extraño árbol como protagonista. Así, en una conversación con varios indígenas, éstos le contaron que   “en la colonia donde vivía nuestra tribu, en la Montaña de la Mesa, hay dos médicos que discutieron entre sí acerca de su habilidad”, retándose a tocar a umdhlebe.  

Los hombres, llamados Usopetu y Upeteni fueron juntos a un lugar llamado Umlazi, cerca del mar, donde se encontraba un ejemplar del extraño árbol bajo el que había muchos huesos de animales que allí habían muerto. Cuentan que incluso los pájaros perecen si se posan en él.

Upeteni fue el primero en enfrentarse al mortífero árbol. Desató sus medicinas, seleccionó lo que creyó apropiado, lo masticó, se llenó de ello y se dirigió a umdhlebe con ánimo de arrancarle una parte. Lo apuñaló, pero el árbol se movió violentamente y no permitió que se volviera a acercar. Tomó otras medicinas y volvió a apuñalarlo, provocando un gran ruido en la criatura que –por todos los medios- le impedía acercarse más.

Lo intentó de nuevo, pero el rostro del médico comenzó a llenarse de sudor y el frío se adueñó de él, no pudiendo alejarse de umdhlebe, encontrándose cada vez más enfermo. Entonces, Usopetu masticó sus medicinas, las inhaló a Upeteni y le curó. Se volvió contra el árbol y consiguió arrancarle varias ramas, logrando ser reconocido como un gran médico.

Henry Calloway
Callaway recoge en su obra que existen varias clases de umdhlebe. Algunos son pequeños, otros grandes, siendo el mayor el que crece entre los Amanthlwenga. En la tradición de este pueblo, se dice que este árbol mata a la gente. Si es plantado en medio de una aldea, ese pueblo perece. Surge una gran fiebre y los hombres se agitan con grandes convulsiones,  padeciendo un gran dolor de  huesos. El tratamiento del médico consiste en hacer que el enfermo se abstenga de beber agua y de comer amasi, una leche fermentada muy popular en Sudáfrica.

Uno de estos indígenas cuenta una historia de primera mano: “Vi con mis propios ojos a aquellos hombres que fueron asesinados por umdhlebe entre los Amanthlwenga, que habían ido a cazar elefantes. Uno de ellos era mi hermano, Umdava. Vino hasta aquí conduciendo su carro durante un mes. Era alto, de piel muy negra y larga barba. Venían  con un holandés de nombre Umkosi.

Los cazadores salieron y se encontraron con una manada de elefantes, matando a muchos de ellos. Al fin, llegaron a un lugar donde crece el umdhlebe, un lugar donde la gente no puede tener ganado, sólo cabras. Una tarde, hambrientos, mataron un búfalo, lo desollaron y lo asaron, usando ramas de umdhlebe para ello. Al poco de empezar a comer, Umdava y otros más empezaron a quejarse de un gran dolor de huesos  y de terribles dolores de cabeza.

Los enfermos comenzaron a hincharse y a tener el abdomen muy caliente. A continuación, llegaron las diarreas. El holandés avisó a los doctores del pueblo. Cuando llegaron, algunos ya habían muerto. Para los demás, el tratamiento fue el habitual: no beber agua ni comer amasi.


Emprendieron el viaje de regreso a casa. Por el camino, pasaron por varias aldeas y algunos comieron amasi, muriendo poco después. Los que llegaron a su aldea lo hicieron en muy mal estado, con el abdomen hinchado, pero -gracias a la acción de Umjiya, el médico local- en pocos días fueron sanados.

Hasta aquí las historias relacionadas con umdhlebe recogidas en la obra de Callaway. A pesar de los datos recogidos en este y otros documentos, los investigadores no han logrado identificar al árbol. Algunos creen que podría tratarse de un tipo de álamo desconocido en esa parte de África con la especial de característica de su alta toxicidad.


miércoles, 14 de diciembre de 2016

Arboles devoradores de hombres (II): El Umdhlebi

Portada de Nature, noviembre de 1882
En noviembre de 1882, el misionero norteamericano G.W. Parker informó a la revista Nature sobre un árbol que fue llamado por los zulúes Umdhlebi. El sacerdote lo descubrió durante su actividad misionera  en lo que entonces era el Reino de Zululandia, en el este de la actual Sudáfrica.

Parker describió desde el principio al árbol como venenoso, como una planta de aspecto grotesco, con hojas grandes de color verde oscuro, terminadas en punta. El árbol tenía dos capas de corteza. Una capa externa muerta que colgaba del árbol y una capa nueva –viva- que crecía debajo de él. 


El fruto del árbol era de color rojo sangre y negro  y colgaba de las ramas como si fueran pequeños postes. Al parecer, Umdhlebi era capaz de envenenar a cualquier ser vivo que se acercara lo suficiente. Los primeros síntomas de las víctimas eran los ojos inyectados en sangre, fuertes dolores de cabeza y –finalmente- delirios seguidos de la muerte.

El misionero dijo que los zulúes sacrificaban ovejas y cabras al árbol con regularidad con el fin de
La nota de Parker publicada
en Nature
apaciguar a los malos espíritus que habitaban en su interior.

Según Parker, un día los indígenas se reunieron junto al árbol, a pesar del peligro que comportaba  acercarse al mismo,  porque estaban convencidos que en él mismo se encuentra el único antídoto contra los "poderes demoníacos" que tiene el árbol. Pero el desenlace fue fatal pues, todo el mundo que se acercó al Umdhlebi desde el lado contrario del viento, murió.


El misionero llegó a la conclusión de que árbol emitía algún tipo de polen o un gas venenoso mortal y que se alimenta de los líquidos procedentes de la descomposición de sus víctimas, que se filtraban a través del suelo.

Desde la descripción del árbol realizada por parte del misionero, no se han vuelto a tener noticias del mismo…y tampoco existe una representación gráfica del mismo mínimamente fiable.


miércoles, 16 de noviembre de 2016

Árboles milenarios en España (I): El tejo de Valhondillo

Posiblemente, muchos de nosotros nunca hemos reparado en pensar en  la longevidad de las especies vegetales. Yo no lo había hecho hasta hace bien poco, la verdad. Y cuando descubres que en España (al igual que en casi cualquier rincón del planeta) existen ejemplares milenarios de árboles, aumenta el interés por conocer un poco sobre ellos.

Hablamos de seres vivos que han sido contemporáneos de los romanos, coetáneos de las guerras contra los árabes, protagonistas de escenas medievales, en definitiva, espectadores de todos los sucesos ocurridos en los últimos milenios. Algo increíble si lo pensamos con detenimiento…

Debido a este interés, iniciamos una serie de artículos en los que se irán presentando algunos de los árboles más longevos y singulares que existen en nuestro país. Y, para ello, comenzamos con el que es considerado el ejemplar más viejo que existe en España.

Se trata del tejo de Valhondillo, situado en un bosque de pinos ubicado en el valle del arroyo Valhondillo o Barondillo (afluente del río Lozoya), al noreste de la montaña Cabezas de Hierro, en el término municipal de Rascafría (Madrid).  Es un tejo singular, cuya edad se calcula entre 1500 y 1800 años, aunque no es el único de la zona pues –dispersos en este bosque- pueden verse otros ejemplares  más, algunos de ellos también milenarios.

Tejo de Valhondillo. Foto: Miguel303xm


Un árbol sagrado desde antiguo

El tejo ha sido considerado un árbol sagrado por diversas culturas debido a su extrema longevidad, simbolizando la vida eterna. Es por ello que, en ocasiones, pueden ser encontrados  al  lado de antiguas ermitas y en cementerios, en un claro culto al más allá, al paso hacia el otro lado. Realmente es un árbol con un simbolismo dual, de vida y muerte, pues era famoso  ya entre celtas, griegos y romanos por el potente veneno que albergan sus hojas.

Estas particularidades han hecho que el tejo, desde antiguo, haya sido elegido como lugar de reunión, como marca fronteriza, como hito imposible de pasar por alto. De forma especial, el tejo ha sido venerado por el pueblo celta, utilizando incluso sus ramas para fabricar bastones mágicos con los que adivinar el futuro o en determinadas ceremonias como remedio eficaz contra las acciones de hadas y brujas, tradición que fue adoptada también en época cristiana.

¿Cómo visitarlo?

Si deseamos conocer esta singularidad de la madrileña Sierra de Guadarrama, podemos dejar el vehículo en las zonas habilitadas para ello entre los kilómetros 32 al 34 de la carretera M-604 (la que va desde Rascafría al puerto de Cotos) para, a continuación, seguir la ruta paralela hacia el puente de la Angostura. 

Una vez llegados al puente, habrá que comenzar a caminar hasta el final de la pista. Allí veremos una valla de piedra y hierro forjado detrás de la cual podremos observar el famoso árbol, un ejemplar de tejo común o europeo (Taxus baccata) situado a 1630 metros sobre el nivel del mar. El tejo tiene un tronco hueco de unos 3 metros de diámetro, goza de buena salud y se le han realizado sucesivas podas de ramas enfermas. 

Tiene una altura de casi 8 metros, una copa de 15 metros de anchura y 9,10 metros de perímetro de tronco. En 1985 fue protegido por la Comunidad de Madrid al entrar en el catálogo de especies protegidas en la categoría de árboles singulares.


viernes, 4 de noviembre de 2016

Cine Criptobotánico (II) : La isla de la muerte (1967)


Continuamos con nuestra investigación sobre la peculiar (y divertida)  relación que existe entre el cine y la Criptobotánica. En esta ocasión os proponemos ver una película española, rodada en 1967 en coproducción con la entonces llamada Alemania Federal, en la que aparecen plantas carnívoras y muertos por doquier. Carne de programa doble en cine de barrio que pasó sin pena ni gloria por las salas de proyección pero que, con seguridad, os hará proporcionará una entretenida hora y media.


En el film,  un grupo de turistas visita una pequeña isla de la costa de Italia para pasar unos días de descanso. Sin embargo, las horas de relax se convierten pronto en una horrible pesadilla cuando empiezan a aparecer turistas muertos. Una planta gigante, creada por un científico desequilibrado que se alimenta de seres humanos y que acaba con todos los curiosos que se acercan a la zona, siembra el pánico entre los visitantes. 

El vegetal tiene unas ramas larguísimas con flores en sus extremos que, ante la presencia de carne
humana, se abren para devorar a la víctima. Cuando los turistas intentan ponerse en contacto con la agencia de viajes para volver a tierra firme se encuentran con la línea telefónica rota…

Que la disfrutéis…




Ficha técnica:

Título original: La isla de la muerte
Año: 1967
Duración: 88 min.
País: España
Director: Mel Welles (Erns Von Theumer)
Guión: Mel Welles, Stephen Schmidt
Música: Anton García Abril, José Muñoz Molleda
Fotografía: Juan Mariné, Cecilio Paniagua
Reparto: Cameron Mitchell, Elisa Montes, George Martin, Kay Fischer, Matilde Muñoz Sampedro, Rolf von Nauckoff, Ricardo Valle y Mike Brendel.
Productora:  Coproducción España-Alemania del Oeste; Órbita Film S.A. / Theumer Filmproduktion


jueves, 27 de octubre de 2016

Descubren en Japón una planta que no florece ni hace la fotosíntesis

Un investigador japonés ha descubierto una nueva especie de planta en la isla subtropical de Kuroshima, frente a la costa meridional de Kyushu y en la prefectura de Kagoshima (al sur de Japón), a la que ha bautizado como «Gastrodia kuroshimensis» y que tiene la particularidad de que no florece ni hace la fotosíntesis.
Foto: Kenji Suetsugu

Kenji Suetsugu, profesor de la Universidad de Kobe (Japón), ha publicado su investigación en la revista «Phytotaxa», donde explica que el hallazgo de una nueva especie vegetal en esa parte del mundo es muy raro porque su flora ha sido analizada a fondo. Sin embargo, la «Gastrodia kuroshimensis» es un descubrimiento particularmente especial porque es a la vez micoheterótrofa (se nutre de los hongos que parasita, no de la fotosíntesis) y cleistógama (no florece y se autofecunda porque permanece cerrada).

Las plantas micorrizadas no fotosintéticas o micoheterotróficas, es decir, que se alimentan por los nutrientes que sus raíces reciben del micelio de los hongos, han atraído mucho la curiosidad de los botánicos y los micólogos.

Una característica común en la mayoría de ellas es su escasez extrema y su pequeño tamaño. Además, la mayoría de las especies se encuentran en el sotobosque de los bosques oscuros y sólo pueden descubrirse durante el periodo de floración, cuando los órganos sobre el suelo aparecen a través de la hojarasca.

Suetsugu trabaja en documentar la distribución y clasificación de las plantas micoheterotróficas en Japón. El pasado mes de abril, durante un viaje de investigación en los bosques de tierras bajas de Kuroshima, se encontró con un centenar de individuos de una especie desconocida de planta que no hace la fotosíntesis. Cogió una muestra y examinó detalladamente sus características morfológicas, y encontró que es una nueva especie.

Esta planta es cleistogáma porque se autofecunda. Este mecanismo de reproducción ha intrigado a los botánicos desde la época de Charles Darwin y ahora es reconocido como una importante forma de autopolinización que se encuentra en una amplia gama de taxones de plantas.

Fuente: Servimedia

Puedes consultar el artículo publicado en Phytotaxa en este enlace .




viernes, 7 de octubre de 2016

Cerrado por vacaciones

Estimados amigos… Nos tomamos unas semanas de vacaciones. A la vuelta retomaremos la actividad del blog, de los programas de radio, los artículos,…



¡Nos vemos pronto !
Javier Resines

jueves, 6 de octubre de 2016

El misterioso árbol que camina 20 metros al año

Socratea exorrhiza es el nombre científico de una especie que habita en las selvas tropicales de Sudamérica y América Central. Su gran altura, que puede alcanzar los 25 metros, no hace sino aumentar la impresión que causan la gran cantidad de raíces aéreas, nacidas a ras de suelo, que posee y que recuerdan a pequeñas piernas.


A finales del pasado año, el biólogo y periodista científico Karl Gruber viajó al Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, en Ecuador, con el objetivo de investigar  esta especie. Gruber afirma que la palmera puede desplazarse más de 20 metros al año. Esto ocurre cuando el suelo en el que se encuentra la planta se erosiona. Entonces forma nuevas raíces aéreas que alcanzan zonas adyacentes más estables y deja pudrir las originales. De este modo, si tras varios meses volvemos al lugar ya no encontraremos la palmera en el mismo sitio.


Peter Vrsansky, un experto en Paleobiología del Instituto de Ciencias de la Tierra de la Academia de Ciencias de Eslovaquia Bratislava , afirma haber visto este fenómeno de primera mano.



A medida que el suelo se erosiona, del árbol crecen nuevas raíces largas que encuentran un terreno nuevo y más sólido. Entonces, poco a poco, ya que las raíces se asientan en el nuevo suelo y el árbol se dobla pacientemente hacia las nuevas raíces, las raíces viejas levantan lentamente en el aire. Todo el proceso de trasladarse a un nuevo lugar, en busca de  una mejor luz solar y un terreno más sólido puede llevar un par de años “.

A pesar de las palabras de Gruber y de Vransky, esta especie vegetal sigue sujeta a la controversia entre los científicos. Algunos sugieren que estas raíces son únicamente una adaptación de la palmera para vivir en las zonas pantanosas de la selva, por lo que el hecho de que camine no es más que un mito. Otros científicos apoyan la teoría caminante y sugieren que el desplazamiento es una estrategia que usa cuando otro árbol le cae encima y le permite buscar lugares más seguros. Incluso, se ha propuesto que la palmera sea capaz de buscar emplazamientos ricos en nutrientes, como aquellos en los que hay troncos podridos.


martes, 20 de septiembre de 2016

¿Duermen los árboles?

Hace pocas fechas, Jorge Alcalde publicaba en el diario La Razón un interesante artículo titulado “¿Duermen los árboles?”. Nos preguntamos si existen patrones de conducta nocturna en el reino vegetal y en qué consisten éstos.



Puedes leer el artículo en este enlace.


viernes, 9 de septiembre de 2016

Las plantas piensan, con Jiménez del Oso

Hoy recuperamos para la memoria de la investigación criptobotánica un documento histórico. Se trata del pionero programa Más allá, dirigido por Fernando Jiménez del Oso que –en su emisión del  27 de marzo de 1977- dedicó a investigar la posibilidad de la existencia de pensamiento y emociones en el mundo vegetal.


Tomando como base los experimentos realizados en 1966 por el doctor norteamericano Cleve Buckster -quien aplicó un galvanómetro a una dracena para medir su reacción ante diversos estímulos, con inesperados resultados- Jiménez  del Oso nos muestra el  estado de la investigación en este campo a finales de los años 70.

Puedes ver el programa en este enlace de la web de rtve.es. Y si deseas conocer más sobre la obra del doctor Buckster, puedes leer uno de sus trabajos (en inglés) aquí.


sábado, 30 de julio de 2016

Descubren una orquídea en Colombia con la “cara del diablo”

Foto:Marta Kolanowska
La nueva orquídea es bastante particular pues –con imaginación- su coloración recuerda la forma de un demonio. Al menos, eso fue lo que apreció el grupo de investigadores que descubrió la flor recientemente en la línea fronteriza que divide a los departamentos de Putumayo y Nariño, al sur de Colombia.

El nombre que recibe la flor (Telipogon diabolicus) también hace alusión a la imagen del “diablo” que puede verse en su parte central. “Debido a su limitado hábitat y población,(sólo existen 30 ejemplares en el mundo) hemos incluido a esta flor como una especie críticamente amenazada en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza”, indicó a Scientific American Marta Kolanowska, investigadora del Departamento de Taxonomía Botánica de la Universidad de Gdansk, y coautora del estudio publicado en PhytoKeys .

Foto: Marta Kolanowska
T. diabolicus mide entre 5,5 y 9 centímetros y forma parte del género Teligopon, del que se han documentado hasta ahora cerca de 250 orquídeas en el mundo. Muchas de estas flores se pueden encontrar en Colombia. El catálogo actual de orquídeas de ese país suramericano incluye a casi 3.500 tipos de flores de más de 200 géneros. “Pero estoy segura de que existen cientos de especies. Esa búsqueda es muy emocionante”, finalizó Kolanowska.


Fuente: Scientific American

Para saber más:



jueves, 14 de julio de 2016

Cuatro mil especies de árboles aún son desconocidas en el Amazonas


En 2013, científicos estimaron el número aproximado de especies arbóreas amazónicas en unas 16.000. En un nuevo estudio publicado en Scientific Reports, estos mismos investigadores profundizan en colecciones de museos de todo el mundo para confirmar cuántas especies de árboles se han registrado hasta ahora en el Amazonas y cuántas aún no se han descubierto.


Nigel Pitman, conservador en el Field Museum, explica que más de medio millón de especímenes recogidos en el Amazonas han sido registrados en los museos entre 1707 y 2015, con una lista de 11.676 especies de árboles.

“ Interpretamos que nuestra estimación de 2013 de 16.000 especies en total es correcta, y que cerca de 4.000 de los árboles amazónicos más raros aún no se han descubierto y descrito. Desde 1900, entre cincuenta y doscientos nuevos árboles han sido descubiertos en el Amazonas cada año", añade Pitman. "Nuestro análisis sugiere que el descubrimiento de nuevas especies de árboles allí no culminará hasta dentro de tres siglos."

El estudio se basó en la digitalización de las colecciones de museos, con fichas, fotografías y registros digitales de los especímenes en colecciones de museos que se comparten en todo el mundo a través de sitios web como el agregador IDigBio.


Fuente: ecoticias.com


miércoles, 13 de julio de 2016

Arboles devoradores de hombres (I): El Ya-te-veo

La Criptobotánica, entre otras posibilidades, se dedica a estudiar y recopilar casos de plantas y árboles con comportamientos agresivos, fuera de lo común, ajenos a lo que se supone que un vegetal podría hacer. Qué duda cabe que buscar relatos acerca de plantas devoradoras de hombres entra dentro de esa parte asombrosa e impensable en la conducta vegetal. Y sobre ello vamos a hablar en Criptobotánica, comenzando por una de esas historias que dejan helada la sangre de quien lo lee y, sobre todo, de sus víctimas. Una historia protagonizada por un extraño árbol de curioso nombre, Ya-te-veo…

Ya-te-veo, el devorador de hombres

Ya-te-veo es una planta carnívora que –supuestamente- se encuentra distribuida en distintos lugares del planeta. Hay relatos que la sitúan originariamente en América Central y del Sur, aunque también hay testimonios de una criatura similar en África y en las costas del Océano Índico.

 Las descripciones que nos han llegado de ella no siempre son coincidentes, aunque la mayoría de los informes sostiene que tiene un tronco corto y grueso y largos zarcillos que utiliza para capturar a sus presas. Algunos testigos la describen también como poseedora de un ojo, con el cual localiza a su víctima.

Otros testimonios lo representan como parecido a un árbol nativo ordinario, del que tomaría la forma,  aunque con el  tronco hueco, perforado por varios agujeros de los que sale un gran mechón de color rosa y con espinas en forma de gancho que se asemejan a los dientes, con los que puede reventar y agarra a sus presas.

 Una vez capturada la víctima, estos zarcillos arrastran su cuerpo por el agujero, hacia el interior del tronco hueco del árbol. Una vez dentro, grandes espinas se clavan en el cuerpo de la víctima, como si se tratara de un dispositivo medieval de tortura, hasta lograr inmovilizar la presa.

A partir de ese instante, el árbol segrega diversas enzimas que ayudan a disolver y digerir el cuerpo. Los huesos de las víctimas son expulsados tras la digestión y se amontonan a los pies del árbol, en los huecos dejados por las raíces.

Sea and Land

J.W. Buel, en su libro Sea and Land, publicado en 1887, escribe que la planta captura y consume
insectos y mamíferos de modo habitual, pero también intenta alimentarse de seres humanos.
El autor amplía la descripción física ya conocida de esta criatura, a la que llama “Minotauro vegetal”, equiparándolo al legendario  monstruo mitológico en su fiereza. Buel escribe que este ser “tiene un tronco corto y grueso, desde cuya parte superior salen espinas gigantes, estrechas y flexibles, pero de extraordinaria dureza, cuyos bordes están armados con púas o dientes como dagas.

En lugar de crecer en posición vertical o en un ángulo inclinado del tronco, estas espinas ponen sus extremos exteriores en el suelo, y con tanta gracia son distribuidos, que el tronco se asemeja a un agradable sofá con cortinas verdes alrededor de él. El viajero desafortunado- ignorante de la creación monstruosa que se encuentra en su camino y debido a la curiosidad de examinar la extraña planta o sólo para descansar- no sospecha de su muerte segura.

En el momento en que sus pies se encuentran dentro del círculo de las horribles espinas, éstas se levantan como serpientes gigantescas y se entrelazan sobre la víctima clavando rápidamente sus dagas en el cuerpo, completando la matanza. El cuerpo es aplastado hasta que cada gota de sangre es expulsada de él y es absorbida por la planta amante de la sangre derramada. Cuando el cadáver está seco, se desecha y la horrible trampa se establece de nuevo".

Una vívida descripción para una muerte no menos horrenda… Precisamente es en esta obra en la que se publica el dibujo que acompaña este artículo, en el que un nativo es devorado por esta planta en presencia de otros dos aterrados individuos.

Para los nativos, Ya-te-veo simboliza el Mal en su más amplio sentido y se cuenta que incluso es utilizado por los hechiceros como instrumento de poder, amenazando con su acción maligna a aquellos que se atrevan a desafiar la magia de los brujos locales. Un modo nada agradable de relacionarse con la Naturaleza, desde luego…

De la ficción a la realidad

Además de la magnífica descripción de Buel, también nos han llegado otras similares procedentes de los pueblos que habitan los tepuyes, esa clase de mesetas especialmente abruptas, con paredes verticales y cimas muy planas características del escudo montañoso guayanés, principalmente en la zona de la Gran Sabana venezolana.

Heliamphora chimantesis
En este recóndito paraje sudamericano, el Ya-te-veo es un singular arbusto bien conocido por los indígenas y extraordinariamente temido debido a su predilección por la carne humana. Como ocurre con la mayoría de los informes y descripciones de árboles carnívoros, el Ya-te-veo posiblemente sea una historia exagerada de una verdadera especie de planta carnívora, similar a las conocidas por la Ciencia.

En el caso concreto de los tepuyes, las especiales condiciones climáticas del lugar han propiciado la existencia de gran variedad de plantas carnívoras endémicas. Ello es debido a la imposibilidad de acumulación de humus debido a la constante acción del viento y también por la accidentada constitución del terreno, lo que ha dado lugar a la existencia de un suelo pobre en nutrientes, unas características propicias para la presencia de este tipo de plantas devoradoras.

Posiblemente, el tiempo y la imaginación han hecho el resto y el Ya-te-veo sea sólo la distorsión de relatos legendarios narrados sobre plantas carnívoras de existencia real. O, tal vez, nuestro planeta nos depara más sorpresas de las que nuestra razón está dispuesta a soportar…


viernes, 1 de julio de 2016

Cine criptobotánico (I): El día de los trífidos (1962)

Comenzamos la sección dedicada al cine y la criptobotánica con una película esencial, El día de los trífidos, dirigida en 1962 por Steve Sekely, una típica producción británica de serie B que fue la primera adaptación al cine de la obra del mismo título del escritor británico John Wyndham.

La película, rodada en Inglaterra y en Alicante, también fue conocida como Invasion Of The Triffids ,  Revolt Of The Triffids y, en España, como La Semilla del Espacio.


La trama cuenta en primera persona las peripecias del protagonista, Bill Masen (interpretado por Howard Keel), un biólogo que casualmente está incapacitado de la vista cuando ocurre un extraño fenómeno atmosférico que ciega a toda la población mundial. Una lluvia de meteoritos de color verde, acompañada de unas extrañas plantas del espacio exterior, sume al planeta en el caos.


Cuando abandona el hospital, Keel es testigo en primera persona del desastre que se ha producido, agravado por la temible presencia de los Trífidos, unos gigantescos vegetales carnívoros, que pueden moverse y parecen poseer una inteligencia y organización de tipo social similar a la de los insectos. Con sus terribles aguijones venenosos provocan el terror entre los humanos…

Serie B, ciencia ficción y plantas asesinas… ¿qué más se puede pedir?
Apagad las luces y disfrutar de El día de los trífidos



Ficha técnica:

Dirección: Steve Sekely
Producción: George Pitcher, Philip Yordan
Guion: Bernard Gordon, Philip Yordan (Basado la novela homónima de John Wyndham)
Reparto: Howard Keel, Kieron Moore, Janette Scott, Nicole Maurey, Mervyn Johns, Alexander Knox, Janina Faye, Alison Leggatt, Ewan Roberts, Carole Ann Ford, Gilgi Hauser
Música: Ron Goodwin
Fotografía: Ted Moore
Montaje: Spencer Reeve
País: Reino Unido
Idioma: Inglés
Título original: The Day of the Triffids
Productora: Security Pictures Ltd.
Distribuidora: Rank Organisation (UK) Allied Artists (USA)
Fecha de estreno: julio de 1962 (UK) 27 de abril de 1963 (USA)
Duración: 94 minutos

Para saber más:

miércoles, 29 de junio de 2016

Día Mundial del Arbol: los diez árboles más extraños

El Día Mundial del Arbol se conmemora desde 1969 cuando fue así declarado en Roma, durante el Congreso Forestal Mundial. En el día de hoy, y como forma de celebrarlo, la web ecoticias.com  nos presenta diez árboles particularmente inusuales, ya sea por su propia naturaleza, biología, forma, tamaño o por lo que los seres humanos o los elementos han hecho con ellos.


Árbol del Tule

Este ahuehuete (Taxodium mucronatum) se encuentra muy cerca de la iglesia en Santa María del Tule en Oaxaca, México. Tiene 58 metros de ancho (14 de diámetro) y 58 de altura y es único en su especie. Es Patrimonio de la Humanidad ya que tiene el tronco más ancho del mundo y se cree que su edad oscilaría entre los 2000 y 3000 años.

Lamentablemente está muriendo lentamente debido a la contaminación y al Calentamiento Global, aunque hay una comisión encargada de su cuidado y mantenimiento, que luchan por salvar a este enorme anciano.

Baobab

Estos árboles de la familia de las Adansonias se consideran “mágicos” y de ellos solo quedan ocho especies que solo se pueden hallar en determinadas zonas de clima seco en la isla de Madagascar, en África y en Australia.


El baobab es conocido como el árbol de la vida debido a su capacidad para proporcionar refugio, alimentos y agua a los animales y los seres humanos; sus hojas son medicinales y sus frutos son comestibles y están llenos de vitamina C.

Boojum

El Boojum (Fouquieria columnaris) se asemeja a un cactus más que a un árbol porque: es nativo del desierto (se lo halla en Baja California, EEUU y Sonora, México), sus delgados troncos pueden crecer en formas sinuosas, la madera interior es muy suave y se elevan hasta 20 metros de altura.


Además tiene hojas pequeños que cubren la totalidad del tronco para reducir la pérdida de agua y en primavera producen una nube de flores de color crema en la parte superior del mismo.

Bosque torcido

El Bosque torcido de Gryfino en Pomerania Occidental, Polonia, sigue siendo un misterio hasta el día de hoy. La arboleda implica unos 400 pinos que según parece fueron plantadas en 1930, pero nadie sabe por qué todos y cada uno de ellos están moldeados en forma de C.


Se especula que los mismos que los plantaron les hayan dado esta forma para hacer barcos pero sólo los propios árboles conocen el secreto.

Dragonblood

La isla de Socotra es uno de los lugares más remotos de la tierra y muchas de sus especies animales y vegetales no se encuentran en ningún otro lugar.

Es el hogar del árbol Sangre de Drago (Dracaena draco), una rara especie nativa, que se asemejan a un paraguas y tiene una resina roja oscuro a la cual debe su nombre: sangre de dragón.


Eucalipto del arco iris

El Eucalyptus deglupta es una variedad de eucaliptus bastante altos cuya corteza presenta colores brillantes y son autóctonos de las islas Filipinas.

Como las edades de su corteza pasan por varios cambios de color del verde al azul, púrpura, naranja y finalmente a marrón, cuando la corteza se elimina en parches irregulares, el tronco muestra una colección de todos estos colores a la vez, que da un efecto caleidoscópico.


Jabuticaba

El Myrciaria cauliflora es un árbol originario de Brasil. El fruto crece directamente del tronco y no sólo en las ramas. La pequeña fruta negra es similar a las uvas y se comen enteras o trituradas en zumo o vino.
Casi tan extraño como la aparición de las frutas negras son sus flores blancas peludas de las que crece la fruta.



Los árboles de Slope Point

En Slope Point al sur de Nueva Zelanda los árboles son muy tercos y a pesar de ser castigados con fuerza por los intensos vientos antárticos, se mantienen en pie y haciéndoles frente heroicamente año tras año.

Hay varias especies entre las que destacan las de la familia de las Podocarpaceae, pero todas presentan la misma deformación por el efecto eólico.

Pennantia baylisiana

Se ve como muchos otros árboles y nada lo hace particularmente emocionante pero este árbol es inusual en el sentido literal de raro, ya que es de hecho, es el único ejemplar que queda de esta especie en las Islas Tres Reyes, frente a la costa norte de Nueva Zelanda.



Dado que es del sexo femenino no hay esperanzas de criar más, ya que en los casos de auto-polinización las semillas resultan estériles. Afortunadamente, sin embargo, es posible separar los brotes y plantarlos por lo que ya se pueden encontrar algunos especímenes en varios lugares de la isla, pero para que alcance la verdadera supervivencia sería imprescindible localizar un pennantiaceae baylisiana masculino.

Wisteria púrpura japonesa

Los Wisteria floribunda son árboles increíblemente bellos que se cubren completamente con flores de color púrpura y rosa. Después de plantarlos pueden tardar años en crecer y más aún en florecer y son muy territoriales, por lo que es difícil que aparezcan otras plantas a su alrededor.



Fuente: ecoticias.com


Nace Criptobotánica

Coincidiendo con el Día Mundial del Arbol, nace Criptobotánica, un espacio dedicado al lado más desconocido del mundo vegetal. El periodista Javier Resines, director de Criptozoología en España, nos mostrará noticias, relatos y curiosidades relacionadas con plantas y árboles que se encuentran más allá de la Ciencia conocida.

Arboles comedores de humanos, plantas ligadas a extraños rituales, flora desconocida de islas legendarias, nuevas especies descubiertas por los investigadores... todo esto y más en Criptobotánica.

Comenzamos...