miércoles, 13 de julio de 2016

Arboles devoradores de hombres (I): El Ya-te-veo

La Criptobotánica, entre otras posibilidades, se dedica a estudiar y recopilar casos de plantas y árboles con comportamientos agresivos, fuera de lo común, ajenos a lo que se supone que un vegetal podría hacer. Qué duda cabe que buscar relatos acerca de plantas devoradoras de hombres entra dentro de esa parte asombrosa e impensable en la conducta vegetal. Y sobre ello vamos a hablar en Criptobotánica, comenzando por una de esas historias que dejan helada la sangre de quien lo lee y, sobre todo, de sus víctimas. Una historia protagonizada por un extraño árbol de curioso nombre, Ya-te-veo…

Ya-te-veo, el devorador de hombres

Ya-te-veo es una planta carnívora que –supuestamente- se encuentra distribuida en distintos lugares del planeta. Hay relatos que la sitúan originariamente en América Central y del Sur, aunque también hay testimonios de una criatura similar en África y en las costas del Océano Índico.

 Las descripciones que nos han llegado de ella no siempre son coincidentes, aunque la mayoría de los informes sostiene que tiene un tronco corto y grueso y largos zarcillos que utiliza para capturar a sus presas. Algunos testigos la describen también como poseedora de un ojo, con el cual localiza a su víctima.

Otros testimonios lo representan como parecido a un árbol nativo ordinario, del que tomaría la forma,  aunque con el  tronco hueco, perforado por varios agujeros de los que sale un gran mechón de color rosa y con espinas en forma de gancho que se asemejan a los dientes, con los que puede reventar y agarra a sus presas.

 Una vez capturada la víctima, estos zarcillos arrastran su cuerpo por el agujero, hacia el interior del tronco hueco del árbol. Una vez dentro, grandes espinas se clavan en el cuerpo de la víctima, como si se tratara de un dispositivo medieval de tortura, hasta lograr inmovilizar la presa.

A partir de ese instante, el árbol segrega diversas enzimas que ayudan a disolver y digerir el cuerpo. Los huesos de las víctimas son expulsados tras la digestión y se amontonan a los pies del árbol, en los huecos dejados por las raíces.

Sea and Land

J.W. Buel, en su libro Sea and Land, publicado en 1887, escribe que la planta captura y consume
insectos y mamíferos de modo habitual, pero también intenta alimentarse de seres humanos.
El autor amplía la descripción física ya conocida de esta criatura, a la que llama “Minotauro vegetal”, equiparándolo al legendario  monstruo mitológico en su fiereza. Buel escribe que este ser “tiene un tronco corto y grueso, desde cuya parte superior salen espinas gigantes, estrechas y flexibles, pero de extraordinaria dureza, cuyos bordes están armados con púas o dientes como dagas.

En lugar de crecer en posición vertical o en un ángulo inclinado del tronco, estas espinas ponen sus extremos exteriores en el suelo, y con tanta gracia son distribuidos, que el tronco se asemeja a un agradable sofá con cortinas verdes alrededor de él. El viajero desafortunado- ignorante de la creación monstruosa que se encuentra en su camino y debido a la curiosidad de examinar la extraña planta o sólo para descansar- no sospecha de su muerte segura.

En el momento en que sus pies se encuentran dentro del círculo de las horribles espinas, éstas se levantan como serpientes gigantescas y se entrelazan sobre la víctima clavando rápidamente sus dagas en el cuerpo, completando la matanza. El cuerpo es aplastado hasta que cada gota de sangre es expulsada de él y es absorbida por la planta amante de la sangre derramada. Cuando el cadáver está seco, se desecha y la horrible trampa se establece de nuevo".

Una vívida descripción para una muerte no menos horrenda… Precisamente es en esta obra en la que se publica el dibujo que acompaña este artículo, en el que un nativo es devorado por esta planta en presencia de otros dos aterrados individuos.

Para los nativos, Ya-te-veo simboliza el Mal en su más amplio sentido y se cuenta que incluso es utilizado por los hechiceros como instrumento de poder, amenazando con su acción maligna a aquellos que se atrevan a desafiar la magia de los brujos locales. Un modo nada agradable de relacionarse con la Naturaleza, desde luego…

De la ficción a la realidad

Además de la magnífica descripción de Buel, también nos han llegado otras similares procedentes de los pueblos que habitan los tepuyes, esa clase de mesetas especialmente abruptas, con paredes verticales y cimas muy planas características del escudo montañoso guayanés, principalmente en la zona de la Gran Sabana venezolana.

Heliamphora chimantesis
En este recóndito paraje sudamericano, el Ya-te-veo es un singular arbusto bien conocido por los indígenas y extraordinariamente temido debido a su predilección por la carne humana. Como ocurre con la mayoría de los informes y descripciones de árboles carnívoros, el Ya-te-veo posiblemente sea una historia exagerada de una verdadera especie de planta carnívora, similar a las conocidas por la Ciencia.

En el caso concreto de los tepuyes, las especiales condiciones climáticas del lugar han propiciado la existencia de gran variedad de plantas carnívoras endémicas. Ello es debido a la imposibilidad de acumulación de humus debido a la constante acción del viento y también por la accidentada constitución del terreno, lo que ha dado lugar a la existencia de un suelo pobre en nutrientes, unas características propicias para la presencia de este tipo de plantas devoradoras.

Posiblemente, el tiempo y la imaginación han hecho el resto y el Ya-te-veo sea sólo la distorsión de relatos legendarios narrados sobre plantas carnívoras de existencia real. O, tal vez, nuestro planeta nos depara más sorpresas de las que nuestra razón está dispuesta a soportar…


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